Emilie Flöge

Hay periodos de la historia eclipsados completamente por un personaje, relegando a todo el resto a un injusto segundo plano.

Pasa mucho, por ejemplo, en la historia del arte, donde además los hombres suelen tener supremacía (reflejo fiel de todo el resto de ámbitos de la sociedad. No hay excepciones tampoco en ésto).

Si hablamos de Viena y de finales del S. XIX, un nombre sobresale por encima del resto: Gustav Klimt.

No digo que sea injusto del todo, porque el tío era un genio, de eso no cabe duda, peeeeero… ¿¿Fue el único?? ¡¡Definitivamente no!! Primero, porque hubieron muchos otros artistas contemporáneos sin nada que envidiarle (Koloman Moser, Otto Wagner, Joseph M. Olbrich…), así como herederos directos también geniales(Schielle, Kokoscha…). Y segundo, porque la historia ha olvidado, o ha obviado deliberadamente, a las musas que hicieron posibles dichos cuadros (en el caso de Klimt, desde señoras de alta alcurnia hasta prostitutas que morían de tifus).

A caballo entre artista contemporánea y musa de Klimt se encuentra EMILIE FLÖGE, diseñadora revolucionaria y esposa no-oficial del genio de la pintura.

Resulta casi imposible imaginar los cuadros de Klimt sin la presencia de la diseñadora, no sólo porque ella es imagen de muchos de ellos, sino porque las modelos acostumbran a llevar trajes salidos directamente de su taller.

No os voy a relatar aquí la vida y milagros de Emilie (Wikipedia, remember??), pero sí os daré un par de pinceladas: cuando ella era todavía pequeña, su hermana se casó con el hermano de Klimt, Ernst. Desde ese momento, entre el pintor y la pequeña se estableció una relación que culminó en amor. Pese a convertirse, ante todo el mundo, en la mujer de Klimt, éstos nunca se casaron, y Emilie tuvo que “ver” desfilar por la cama del pintor a más de una y de dos señoras, señoritas y mujerzuelas de la Viena de finales del XIX.Tras triunfar con su taller de moda (junto a su hermana y su sobrina, también sobrina del propio Klimt), tuvo que refugiarse en el campo ante la ocupación nazi, y cuentan que murió todavía enamorada de quien nunca la desposó.

A la sombra de Klimt, siempre, Emilie finalmente se decidió a llevar a cabo su sueño y abrir una boutique de moda en Mariahilferstrasse (una de las calles más populares de la capital austríaca), en la que aúnaba su pasión por el arte (los mejores diseñadores y arquitectos amueblaron el salón), la moda (sus diseños eran arriesgados, rabiosamente modernos, rompedores y, sobre todo, favorecedorse) y el negocio (vistió a las mejores y más influyentes familias y artistas de Viena). Gracias a sus diseños y a su fuerte personalidad (al parecer, los tenía algo más que bien puestos), Emilie Flöege logró hacerse un nombre propio entre la vanguardia vienesa y desligar, al menos a nivel profesional, su nombre del del autor de “El Beso”. ¡¡Ahí es nada!!

Si te apetece leerte un libro basado (libremente) en la historia de amor entre la diseñadora y el pintor, y pasar un buen rato, no lo dudes:

– El Beso, de Elisabeth Hickey. Está en edición de bolsillo y sale por aproximadamente 6.5 euros.

elbeso

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3 pensamientos en “Emilie Flöge

  1. norton 2 octubre 2009 en 4:27 pm Reply

    Existe otro ejemplo por la misma época: Margaret Macdonald. Esposa del arquitecto Charles Rennie Mackintosh.

    Y en este caso la más brillante y a su vez oculta es su hermana Frances Macdonald. Quien al parecer era un genio, pero claro su suicido a una temprana edad y la quema de sus trabajos no ayudo mucho a su gloria…

    Yo no he leido “El beso”, pero si “The Pornographer of Vienna”. Donde Ego Schiele es el protagonista. Y segun me parece recordar, Emilie acabó con Ego como si de un regalo del maestro se tratara (si no me confundo de musa).

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  2. barefootnaked 2 octubre 2009 en 4:59 pm Reply

    Cuantas musas artistas y qué poca publicidad para ellas. Estamos viendo “Desperate Romantics”, sobre la hermandad prerafaelita, y hemos descubierto la figura de Elizabeth “Lizzie” Siddal. Es curioso comparar la visión que tenian Dante Gabriel Rossetti, William Holmant Hunt y John Everett Millais de ella, idealizada, endiosada, frente a su propia visión de si misma, mucho más realista.

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  3. norton 2 octubre 2009 en 5:05 pm Reply

    Me lo apunto!

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